La crisis sanitaria en Chile: reivindicando la salud pública. Entrevista a María José Díaz

Revista Heterodoxia entrevistó recientemente a la Doctora María José Díaz Nova, médica especialista en salud pública, para comentar la actual coyuntura de la salud pública nacional marcada por la rápida propagación del COVID19, la que ha mantenido al país durante casi cinco meses en confinamiento sanitario. A continuación, compartimos las visiones de la Dra. Díaz sobre esta compleja situación.

RH: La crisis sanitaria ocasionada por el COVID19 ha puesto de manifiesto la enorme desigualdad que caracteriza a Chile, la misma que desató la crisis social surgida a partir de la revuelta popular iniciada el 18O. Sabido es cómo vastos sectores de la población se han visto privados -de manera progresiva- de sus derechos sociales y económicos básicos durante los últimos 30 años. Frente a esta coyuntura, ¿cómo crees que se resignifican las fracturas que han ido configurando el deterioro de la salud pública en Chile?

MJD: Si bien esta crisis sanitaria se desata en un momento bastante doloroso y difícil por las muertes, el confinamiento y el dejar atrás el estallido social, como bien dices es un quiebre en donde se ha resignificado el valor de la salud no sólo como un derecho social sino como la herramienta que nos permite ser libres y vivir dignamente. Es el punto de partida para todo lo demás. Por lo tanto, todas esas fracturas se muestran mucho más nítidamente, desde lo que significó el derrumbe de la salud social en Chile con la brutalidad de la dictadura. Pensemos que el pueblo, de la mano de Allende y grandes salubristas pusieron a esta franja de tierra como pionera en medicina social con avances inmensos. Se pensaba colectivamente, sin fines de lucro. Las políticas públicas se construían desde una perspectiva menos academicista y con criterios más amplios que iban más allá del mero economicismo. Por el contrario, se diseñaban con una mirada de vanguardia popular. Todo eso se desmoronó con la violencia del golpe y lo más terrible es que se profundizó con la Concertación, mediante políticas de mercantilización de la atención de salud.

Recién hoy siento que estamos mirando esas grandes grietas del camino y aunque sea complejo de enfrentar es un gran avance darnos cuenta, porque desde ahí podemos saltar sin miedo a hacer algo por cambiar esta realidad. Por ejemplo, trabajar en políticas públicas levantadas desde la organización popular en relación con nuestras necesidades, apelando a la soberanía de nuestras historias y nuestros cuerpos por un mejor vivir y morir. No necesitamos un Estado paternalista, sino más bien una figura que nos dé certezas y protección para tomar nuestras propias decisiones, lejos del lucro y la hegemonía biomédica. A lo que voy es que es un trabajo conjunto en donde el pueblo debe ser el gran protagonista, no hace falta ser salubrista o economista para construir políticas de sociedad que impliquen que el bienestar sea nuestro sur en todos los ámbitos: vivienda, recreación, educación, transporte, trabajo.  La salud es todo eso y más.

RH: ¿Cómo evalúas desde una perspectiva de salud pública la capacidad de contención de la crisis sanitaria por parte de las clases dirigentes?

La salud pública se ha tergiversado durante estos últimos 30 años como una máquina de burocracia y de políticas públicas. Hemos avanzado en ciertos temas y no se puede negar el aporte de tantas y tantos comprometidos, sin embargo, el manejo y las decisiones siguen siendo muy verticales. Repiten la lógica de “expertos” tan patriarcal y patronal en cada gesto sanitario. Por lo tanto, no me sorprende mucho la capacidad limitada de sobrellevar una crisis de esta magnitud por parte de las clases oligarcas. Se repite el mismo modelo hospitalocéntrico y poco comunitario, y con esto no quiero decir que el área de cuidados hospitalarios e intensivos no sea necesaria, sino que no es la única respuesta. El modelo actual pone recursos principalmente en la tecnología y el área de modernización y / o construcción de centros, sin embargo, a pesar de hablar bastante de promoción y prevención no se apuestan las fichas reales en una salud más cercana a la población que nos dé cuentas de las brechas sociales, esas por donde se cuela todo el malestar y la enfermedad. Hay una deuda permanente con fortalecer la atención primaria de salud e incluso salir desde los centros a hacer medicina de calle.

En este capítulo de pandemia, se ha notado la desesperación por hacer creer que todo está bien, por negar situaciones caóticas y por la falta de transparencia. Sobre todo, la empatía necesaria para preservar la salud económica por sobre la humana. Hace falta una conducción mucho más real y confiable, que se preocupe de las necesidades urgentes y no de ser “el mejor del curso”, que es una lógica tan heredada de un neoliberalismo competitivo, individualista y lleno de fachadas. Comencemos a pensar en salud colectiva de ahora en adelante.

RH: Luego de casi cinco meses de cuarentena, se empieza a hablar de desconfinamiento mediante el plan “Paso a paso”. Si bien ha comenzado a implementarse parcialmente en 9 comunas del país, surgen múltiples dudas respecto de su pertinencia. Quedan desconfianzas en relación con el manejo de las cifras previo al cambio de conducción en el MINSAL. ¿Está preparado el país para iniciar el desconfinamiento? ¿Se pueden asegurar de manera confiable las condiciones necesarias de trazabilidad para ello?

MJD: Pienso varias cosas, primero que es una idea apresurada y que quiere dar la sensación de seguridad y preparación siendo que no es así. No lo es porque al parecer ha sido creada dentro de cuatro paredes bajo una llave elitista sin el apoyo y el aporte de tantas voces que desde el principio han sido disidentes en algunos aspectos epidemiológicos y que no han sido escuchadas.

Se sigue en una lógica dicotómica y contradictoria de comunicación que resulta violenta para la salud mental del país. Por un lado, se tiende a decir que todo está bien y bajo control para mantener en marcha la economía, pero por otro lado está la represión selectiva a las poblaciones más vulnerables si es que no se acata la cuarentena.

Además, las cifras nunca han sido claras y dan luces de manipulación desde el inicio de la pandemia, debemos ser cuidadosos con esto. Si es que los contagios han ido a la baja como realmente se muestra tenemos que saber cuánto ha disminuido el testeo en los territorios- y por lo tanto la cantidad de resultados disponibles- y también tomar en cuenta que aún sigue existiendo una cantidad importante de personas hospitalizadas no sólo en camas UCI o UTI sino en cama básica e incluso en hospitalización domiciliaria. La rehabilitación no es rápida, por lo tanto las personas de alta también deben tener seguimiento. Transparentar éstos y todos los datos es muy relevante para conocer el comportamiento del virus.

Si se dan una vuelta por las poblaciones los globos de despedidas llenan las puertas de las casas. Queda agosto que es un mes crítico en temperatura. Además, no tenemos certeza del tiempo de inmunidad que nos confiere el haber estado positivos para Covid (y me incluyo en ese grupo) por lo que podemos re contagiarnos y/ o contagiar, así que un rebrote es una alta posibilidad.

No hay nada comprobado y sí, hay que avanzar, pero con la mayor cautela posible y con la debida manifestación y acción acerca de la diferencia de contagios y muertes por clases sociales.  Hay que hacerse cargo de aquello, estamos hablando de vidas, no de números. 

En cuanto a la trazabilidad -que se refiere al seguimiento de cada persona contagiada y sus contactos para detectar focos activos y aislar cuando sea necesario- debería realizarse siempre con acento en el contexto social por el énfasis que eso tiene en la evolución de la enfermedad. Para eso se necesita más que un call center. Si bien han hecho esfuerzos se necesita la colaboración activa de las comunidades y un enfoque más allá de lo biomédico. En ese sentido estamos lejos de estar preparados.

RH: En relación con el plan “Paso a paso” y en general respecto del manejo anterior de la crisis sanitaria, ¿puede plantearse que se ha priorizado evitar el declive de la curva de la economía, de la producción, por sobre el aplanamiento de la curva epidemiológica?

Por supuesto. Desde un principio. Incluso me atrevería a decir que lograron que muchos chilenos y chilenas creyeran que el país se iba a empobrecer, principalmente los trabajadores asalariados y asalariadas, los obreros. Agregaron el miedo a sentir hambre y a perderlo todo, al miedo a la muerte. Eso es perverso.

El terror de la oligarquía a la caída de sus arcas de oro y la incapacidad comunicacional fue tan tremendo que no fueron capaces de analizar y llevar a cabo una política sanitaria que priorizara la vida y el cuidado colectivo y, ojo, que no es excusa un escenario de catástrofe. Eso es algo que refleja lo que venimos viviendo hace más de 40 años en todos los sentidos. Es brutal, y en este caso ese error costó muchas vidas.

RH: En el mismo sentido de la pregunta anterior sentido, ¿cuáles crees que son las urgencias del sistema público, de su cuerpo médico y funcionario, para enfrentar los efectos de la pandemia, y, desde una perspectiva más estructural, para fortalecer en términos reales una salud pública digna para Chile?

La principal urgencia del sistema público es que no debería existir un sistema privado con mayores beneficios para los que tienen poder adquisitivo. La salud no debe ser un bien de mercado, hay que partir por ahí. No pasa tampoco sólo por construir más hospitales, sino por robustecer una salud pública social y colectiva desde el pregrado en las y los profesionales y técnicos. Darnos a entender que hay un solo propósito y en un mejor vivir. Que la salud es todo para el pueblo. Que nos enseñen de buen trato, de buen morir, de una comunicación transversal y de un trabajo que tampoco nos mate ni nos pretenda alienar.

Hay que enfocar el trabajo en las comunidades. Las y los mejores actores sociales para encender la salud pública están en los territorios, desde ahí se puede avanzar a un nexo fortalecido con todos los niveles de atención. Que asista al hospital aquel en que no se pudo hacer más después de todos los pasos y esfuerzos previos, y no que lleguemos tarde siempre, a paliar y no a prevenir como debe ser, con cariño, con empatía y conocimiento.

Nos falta también buen equipamiento, remuneraciones equitativas, reconocimiento, capacitación. Aprender de nuestros hermanos latinoamericanos. Poner perspectiva de género, cultura, trabajo, salud mental, historia y contexto en cada diagnóstico y tratamiento.

Nos falta mucho, pero tengo esperanza, está creciendo un sentimiento revolucionario en la salud. Debo decir que las brigadas que nos conformamos para el estallido social fueron también un incentivo a creer que todo es posible.

RH: Hoy el país debate en torno al retiro del 10% de sus ahorros desde sus cuentas de capitalización individual en el sistema de AFPs. Esta medida ha sido aprobada de manera muy contundente en el Congreso, atendiendo fundamentalmente a las demandas populares de vastos sectores de personas que necesitan recursos para enfrentar los enormes costos que ha significado el confinamiento sanitario. Se trata de una demanda popular que ha tensionado al sistema político y que podría significar un triunfo muy significativo hacia el objetivo de establecer un nuevo y genuino sistema de protección social. ¿Qué lección deja este hecho para avanzar en torno a demandas de cobertura y calidad en servicios de salud hoy severamente mercantilizado por el sistema de ISAPRES?

MJD: Yo lo veo como una semilla, incluso mis padres a quienes amo mucho- y quienes siempre han tenido miedo heredado de la dictadura y varias diferencias conmigo- han podido reflexionar acerca de lo que significa levantar las manos juntas y luchar por lo que nos pertenece. Mis hermanas ya están con todo en esto. Es una especie de despertar paulatino a una estafa de décadas. En consecuencia, no me extrañaría que comience un avance significativo en demandas sanitarias potentes y en derrocar a las ISAPRES y su lucro despiadado con relación a nuestra salud, porque ya estamos viendo que se puede tensionar con una perspectiva de lucha cohesionada. Quizá suene a frase hecha, pero es como si los ojos de nuestros compañeros y compañeras mutilados en la rebelión nos hicieran mirar con más claridad cuál es el presente y futuro que queremos. Es doloroso y emocionante, es una forma de hacer justicia.

RH: A modo de cierre, ¿cómo percibes el periodo que se viene, es decir el retorno a una “nueva normalidad” en que tendremos que coexistir con riesgos de rebrotes de COVID19?  ¿Cómo mantener la capacidad de organización y movilización de los ciudadanos en torno a la defensa de sus derechos en estas condiciones por un país más justo y digno? 

MJD: Lo veo no exento de dificultades. Estamos acostumbrados a evadir nuestros demonios propios y a conformarnos no siendo felices, en muchos casos invadidos e invalidados por un sistema violento. El encierro y el distanciamiento nos obliga a mirar nuestras contradicciones y miedos sin tener la cercanía y el apoyo que necesitamos. Por eso es importante cuidar nuestra salud mental y aprender a pensar de manera colectiva, que si nos queremos nos tenemos que cuidar entre todos. Somos lo único verdadero, el pueblo es quien cuida al pueblo.

Por eso mismo la capacidad organizativa y de cohesión social debe reafirmarse aún en la distancia, ocupar los recursos que tenemos como la prensa independiente, las redes sociales, y prepararnos para volver recargados y recargadas a tambalear al neoliberalismo. En eso las y los trabajadores de la salud podemos ser clave, nuestra labor es mostrar la indiferencia de la clase política clásica frente a tanta desigualdad.

La represión y el amedrentamiento va a seguir de manera explícita e implícita y hay que estar muy conscientes de aquello. Mejor apagar la tele, organizarnos y apapacharnos con poder popular. En este escenario lleno de incertidumbres tenemos la certeza de que nos quieren callar, pero nada está perdido, como dijo Mariano Puga “El despertar no debe morir nunca más” y por eso, lo haremos inmortal.

RH: Muchas gracias, Doctora Díaz.

Comentar

Your email address will not be published.

Relacionado

Entrevista a Michael Löwy

Michäel Löwy es un sociólogo y filósofo marxista franco-brasileño. Ha sido director de investigación emérito del