Todos somos payasos: Una defensa al Joker

 

por Karthick Manoharan

 

TEXTO ORIGINAL EN THE PHILOSOPHICAL SALON

Muchos críticos – demasiados para nombrarlos a todos – han acusado a la película Joker de Todd Phillips (2019) de glorificar la victimización del  hombre blanco. Parecían convencidos que esta era una película peligrosa e irresponsable. En Joker, Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) interpreta el rol de un blanco pobre y perdedor que acaba enloqueciendo y cometiendo, al tiempo que inspira, actos de violencia. Para los críticos liberales, la historia era una defensa de la cultura “incel” en los Estados Unidos.

Sin embargo, cuando se habla de glorificar la victimización del hombre blanco, es extraño que un objetivo más obvio eluda semejante análisis crítico, me refiero a Bruce Wayne/Batman. Pareciera ser que un niño blanco inmundamente rico, testigo del asesinato de sus padres a manos de un criminal pobre y que crece para convertirse en un vigilante que viola la ley (mientras permanece en el lado de los buenos) para golpear a los indeseables hasta casi matarlos, merece simpatía. Mientras que Arthur Fleck/Joker, por el contrario, un hombre blanco de clase trabajadora, quien ha padecido abuso infantil, enfermedades mentales, negligencia del Estado, desempleo, y quien se rebela contra lo que percibe como un sistema injusto, merece el odio. Algunos críticos incluso sugirieron la prohibición de la película por glorificar a este tipo de personaje. Cuando el anterior Joker en Dark Knight (2008), interpretado inolvidablemente por Heat Ledger, bromea con Batman y le dice “verás, sus valores morales, su código, es solo una mal chiste”, él podría haber estado haciendo un comentario anticipador respecto a las críticas para su sucesor.

Además de proporcionar un fascinante trasfondo psicológico a uno de los villanos de comics más celebrado de todos los tiempos, Joker es también un comentario sobre la crisis endémica del capitalismo americano. La ciudad de Gothan está al borde del colapso y el desempleo crónico empuja  a los jóvenes a recurrir a la violencia y el crimen. Un sistema de salud público fracasado y recortes a los servicios sociales perjudican mayormente a los sectores vulnerables de la población. Los medios de comunicación y los ricos culpan a los pobres de su miseria. En un revés tremendamente efectivo,  Thomas Wayne, padre de Bruce Wayne, resulta ser el villano de la película. Mezcla de Trump y Clinton, descaradamente hace alarde de su riqueza y tiene una desvergonzada y despiadada actitud hacia el pobre. También se insinúa que es un depredador sexual que utilizó su posición para acostarse con la madre de Fleck cuando ésta no era más que una adolescente. Los comics de Batman y las anteriores películas se basaron en la rabia justificada de Bruce Wayne en contra del crimen, pues destruyó a su familia “perfecta”. Joker, por el contrario, desecha esta imagen de la familia y la muestra como beneficiaria de un sistema injusto que le confiere lujos a unos pocos y miseria a la mayoría. Por lo que, al final, heredan las uvas de la ira.

Es interesante considerar las “figuras paternas” en Joker. Por breve momento, Fleck comparte el delirio de su madre que Thomas Wayne es su padre. Posteriormente se revela que Fleck fue adoptado y abusado por el novio de su madre cuando era un niño, siendo esta la causa de su enfermedad mental. Uno podría hacer el argumento lacaniano que la ausencia del Nombre del Padre en la vida de Fleck lo hacen revelarse contra la Ley sin intentar convertirse  en un nuevo creador de leyes, convirtiéndose, por el contrario, en un personaje anárquico. La primera imagen paterna de Fleck abusó físicamente de él. Wayne, su segunda figura paterna, también lo hiere físicamente. Cuando es confrontado, Wayne golpea a Fleck y le revela no solamente que él no es su padre, sino que es huérfano. Aquí la Ley se encuentra al descubierto en su desnuda y brutal vacuidad. No solo no hay Padre, tampoco existe la Madre protectora y benevolente. A medida que el frágil mito de su vida se despedaza, Fleck abraza su locura y se convierte en el Joker. 

La tercera imagen paterna, con la que Fleck más se identifica, es el comediante Murray Franklin (Robert de Niro). Frankin es el padre que nombra a Fleck como ‘Joker’ y lo presenta al mundo como tal. Sin embargo, Fleck también es rechazado y ridiculizado por esta figura paterna. Franklin intenta censurar a Fleck cuando cuenta un chiste negro por televisión en vivo. El Joker se rebela, le dispara a Franklin, y su asesinato es televisado en vivo.  La clase marginada de Gothan se inspira y continúa los disturbios contra el establishment. En el caos, el Joker emerge como un Maestro que no toma el poder para sí, sino simplemente estimula a las masas para conquistar su libertad por sí mismo. En otras palabras, no se convierte en su Padre. 

¿Por qué Joker genera tanta animosidad entre los críticos?  De hecho tiene más sentido argumentar que Black Panther (2018) podría ser una inspiración para el próximo Idi Amin, que decir que Joker podría inspirar el próximo acto terrorista incel. De igual manera, el personaje de Hulk de la serie Avenger tiene un gran parecido con el prototipo incel (hombre blanco con un grave problema de ira que tiene el potencial de provocar una destrucción sin control), que el Joker que está peleando no en contra del Otro o de mujeres, sino contra fuentes internas de opresión y autoridad patriarcal capitalista. Y tal como mencioné anteriormente, Batman es un mucho mejor ejemplo de lo que es la victimización del varón blanco siendo instrumentalizado como arma para justificar el comportamiento violento. Estos personajes no provocan la crítica dura que el Joker recibió, principalmente porque son parte del consenso ideológico liberal. Y por otro lado, los agitadores que en la película sostienen pancartas con el lema ‘Todos somos payasos’, en solidaridad con el Joker, son vistos por los críticos como racistas  que apoyan a Trump (aunque étnicamente son diversos y pobres).

Debemos estar atentos a la caricaturización vulgar del hombre blanco pobre, en particular de áreas rurales, que hace Hollywood. Series de horror de culto como Halloween, Viernes 13, Pesadilla en la Calle Elm y Masacre en Texas,  todas vieron estereotipos de trabajadores blancos como asesinos seriales viciosos y psicológicamente dañados. Estas pueden ser referencias culturales a electores a los que Hilary Clinton se refirió despectivamente como “deplorables” – el votante promedio de Trump. Sin embargo, es un hecho político que, precisamente, es el mismo votante cuyo apoyo se requiere si el cambio radical llega a Estados Unidos. Los liberales temen que la clase trabajadora blanca vote por Trump, pero temen más que el mismo grupo sea potencial votante de Bernie Sanders. Y es una operación discursiva bastante ingeniosa para confundir  las reivindicaciones del hombre blanco de clase trabajadora (en contra de los inmigrantes) con sus genuinas reivindicaciones económicas (en contra de las compañías de seguro, la privatización de la salud, etc.). Es únicamente en las bases de una lucha común que un grupo de electores políticamente diverso puede construirse.

Joker, que finaliza con la insurrección del pobre multi-étnico  gatillada por un hombre blanco que solo busca ser una chispa y no un salvador, debe ser vista como una de las películas más radicalmente de izquierda hecha en Hollywood.  Y TODOS SOMOS PAYASOS si no entendemos por qué debería provocar tanto a los liberales.

 

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Karthick Ram Manoharan es professor asistente de ciencias políticas en el Centre for Studies in Social Sciences, de Calcuta. Es autor de Franz Fanon: Identity and Resistance (Orient Blackswan 2019)