Editorial

En Chile, durante las últimas décadas, la derecha se ha apropiado permanentemente del concepto de libertad. Este concepto, utilizado retóricamente, ha servido entre otras cosas para justificar acciones que han causado de manera paradójica efectos contrarios. Se plantea que el golpe de Estado del año 1973 fue una forma de liberar al país del yugo del marxismo, siendo la defensa más clara a la dictadura justamente la idea de la ‘revolución libertaria’. A partir de dicho acto fundacional, hoy la derecha defiende su ideario precisamente en términos de la defensa irrestricta de la libertad contra las amenazas estatistas y, por lo menos en la derecha liberal minoritaria, de los tradicionalismos conservadores. Sin embargo, dicha idea de libertad ha sido cercenada de tal forma que no afecta ni privilegios ni poderes dados. Una libertad que no tiene dientes ni garras.

La opacidad que el neoliberalismo ha infundido en la idea de libertad, sin embargo, no ha sido solo producto de la victoria política la derecha, sino también de un proceso general de pérdida de sentido desde la propia izquierda, constreñida en un doble proceso de rápida transformación del capitalismo y de desaparición o desvirtuación de los referentes colectivos que habían logrado limitar sus efectos “dislocadores”.  A este proceso se sumó la disolución de los referentes teóricos que permitiesen articular o hacer confluir hacia una izquierda estratégicamente posicionada. Los tiempos eran duros, sin duda, y sabemos que cualquier evaluación al respecto no puede olvidar imimportantes intentos de resistencia que, dadas las condiciones, quedaron justamente nada más que en la intención.

¿Pero de qué libertad se habla en la actualidad cuando se habla de libertad? ¿A qué libertad se apela o la libertad de quiénes cuando la derecha en Chile defiende la libertad? ¿cuáles son las características de la libertad de mercado o la libertad de elegir en el actual contexto? ¿qué implica la libertad entendida como derecho de propiedad? ¿qué libertad se defiende cuándo se habla del bus “de la libertad”? ¿libertad de conciencia institucional? ¿Cuál es el tamaño, la extensión y límites de esa libertad?

Para la izquierda este es un asunto difícil. Hemos perdido desde hace décadas la capacidad de plantear ideas desde una lógica liberadora, a pesar de que, desde fines del siglo XIX, la izquierda, los movimientos obreros y campesinos dieron históricas batallas defendiendo su propia concepción de la libertad. Piense en las batallas dadas por el movimiento obrero para aumentar sus espacios de libertad: libertad de expresión para la prensa obrera, libertad de reunión para los mitines obreros, libertad de asociación para las organizaciones políticas, libertad de mercado para no comprar solo donde lo definía el patrón, libertad de tránsito, entre otras.

En la actualidad, sin embargo, desde la izquierda hemos venido padeciendo una constricción y opresión a veces excesivamente desmovilizadora, lo que nos ha impedido adoptar una posición propositiva que retome esas antiguas batallas en torno liberación para las condiciones actuales. La apuesta que nos planteamos como Revista Heterodoxia va en esa dirección. Desde el humilde aporte que podemos realizar personas desde el ámbito de la reflexión teórica, inmersos igualmente en el mundo del trabajo y dependientes de un salario, que vivimos también la precarización, la fantasía de la libertad de mercado y de la libre elección, así como la carencia de garantías vitales en lo que se refiere a derechos más básicos.

En esta editorial queremos entonces partir por realizar una reflexión sobre lo que hoy se entiende por libertad, concepto que ha sido introducido por los grandes referentes de la derecha nacional y mundial y se ha “hecho carne” en la cotidianidad de las instituciones ad-hoc creadas para la realidad chilena. ¿Cuál es esta idea de libertad triunfante? Benjamin Constant, siguiendo al conservador de Hobbes en su batalla monárquica contra la República, definió la libertad como ausencia de interferencias o como la ‘libertad de los modernos’. Berlin (2002) sistematizó esa tradición asignándole un nombre propio, ‘libertad negativa’, esto es, como un área carente (he ahí lo ‘negativo’) de interferencias, principalmente provenientes del Estado.

Es esta una idea de libertad intrínsecamente burguesa; libertad de vender y comprar todo lo que está disponible (lo que implica también la apropiación de cualquier elemento sujeto a su mercantilización). Es una libertad que necesariamente considera la menor limitación por parte del Estado, o en el caso chileno, con un Estado presente para regular la libre competencia y potenciar la oferta privada de bienes y servicios: mercado de capitales, mercado de divisas, mercado de la salud, mercado de la educación, mercado del agua, mercado de pensiones, entre otras. Libertad a la que generalmente se le adosa el derecho “natural” de propiedad (Lindbeck, 1988:295), también entendida como libertad negativa o como no interferencia (Berlin, 2002). Se le relaciona también con la libertad de elección. Sin embargo, es una forma de entender la libertad de manera instrumental (Sen, 1987:5), que no ahonda en “cuántas posibilidades hay abiertas para mí” (Berlin, 2002:178) o cuáles son las características desiguales de la oferta que amplía la libertad de decidir y las distinciones que limitan en la práctica la libertad de acceso.

Desde esta perspectiva, ¿puede una persona ser libre de elegir si su sobrevivencia está afectada por la inexistencia o degradación de derechos en salud? ¿Puede una persona ser libre si no puede desarrollar su espíritu en una sociedad integradora, que la reconoce como integrante en igual dignidad? ¿Son la estigmatización, la segregación, la competencia formas de incentivar la libertad o más bien nos someten a buscar un objetivo de vida impuesto externamente? La libertad sin garantías de vida nos obliga a someternos a aquello que se nos impone externamente persiguiendo metas e incentivos disfrazados de libertad, persiguiendo ser mejores que el resto y profundizando la desvinculación con nuestro entorno y con nuestros iguales.

¿Debe primar la libertad de empresa sobre la libertad de elección? Y en ese sentido, ¿es la libertad de empresa y de industria compatible con un enfoque de libertad centrado en derechos? ¿Somos las y los sujetas y sujetos de derecho clientes en algún sentido?

El sistema de voucher en el que se ha embarcado tanto la derecha como la Concertación y la Nueva Mayoría, ha sido una prueba fehaciente de que se puede mantener la lógica neoliberal supuestamente garantizando la libre elección y el libre acceso, es decir, mercantilizando nuestros derechos, aumentando sus costos y expropiando su administración para situarla en manos de privados, cuyo interés no es el de ampliar la libertad del ser humano.

En este sentido, la libertad a la que apelamos aquí y buscamos recoger en su raigambre histórica es la libertad como autogobierno o libertad positiva (Berlin, 2002). Es la que radica en la toma consciente de decisiones y en el desarrollo del ser humano en toda su potencialidad. En contraposición a la libertad como no interferencia, este tipo de libertad implica la elaboración de reglas racionales, justas, acordadas y aceptadas por los incumbentes; radica en la capacidad y el derecho de cada persona de participar en la toma de decisión respecto a las reglas que nos rigen colectivamente. Desde esta perspectiva, no es -o no es únicamente- la libertad de elegir frente a una serie de alternativas políticas, sino también, la libertad de participar en el debate público. Es la libertad de elección bajo parámetros democráticos que no se vean sometidos por el poder fáctico de los grupos económicos. Es finalmente, soberanía local y territorial y soberanía sobre nuestras vidas en la medida que éstas están garantizadas por criterios de acceso a derechos y no, según un criterio irreal de escasez de recursos.

La despreocupación por la libertad positiva, es decir, aquella en la que activamente se generan condiciones de acceso y equiparación de las condiciones para todas y todos “según sus necesidades y capacidades” ha sido un tema omitido activamente por el credo neoliberal, pero también por una izquierda que las últimas décadas ha pasado a desconfiar, también activamente, del pueblo y de su capacidad de articulación y generación de condiciones de libertad para todas y todos. En este sentido, la izquierda debe actuar para recuperar el rol de las instituciones públicas para el bien común, para los comunes y para el demos, tomando conciencia de que hoy las instituciones las ha ganado la burguesía.

Reconocemos que avanzar desde la izquierda hacia un concepto de libertad no es tarea fácil. Es un tipo de libertad que requiere de una ardua construcción colectiva y es por eso que su activación ha sido tan difícil de retomar; tan difícil como fue su activación a través de diversas oleadas de movimientos sociales durante todo el siglo XX. No obstante, también somos conscientes de la necesidad de avanzar hacia la construcción de un tipo de libertad asentada en lo social.

Es ese el paso que en este momento estamos tomando en este número como Revista Heterodoxia. Es un paso humilde que, sabemos, debe ser fruto de un esfuerzo colectivo que incorpore al conjunto de personas que sienten que el capitalismo coarta la libertad de la mayoría, para favorecerla libertad y privilegio de unos pocos.

Si bien este camino requiere de un importante esfuerzo, en esto también se juega la libertad individual, no solo nuestra sino de las futuras generaciones que verán constreñida su libertad por una política centrada en la libertad de empresa, de mercado o de industria; por una política pública que disfraza la libertad de elección en la entrega servicios cuyos objetivos no son los del desarrollo humano sino los de la creación de riqueza; por la adquisición de deuda que limita la libertad, para supuestamente, adquirir más libertad; por la política pública que emana acusando a un Estado opresor, y que, sin embargo, está orientada a la opresión de los trabajadores y trabajadoras por parte de una clase rentista que ha destruido el Estado a través de la atomización, cooptación y la subsidiariedad de la política pública.

Debemos, en este sentido, poner en evidencia las hipocresías de la libertad neoliberal y construir un discurso coherente, propositivo y posible desde la izquierda. En este camino nos jugamos la libertad entendida como soberanía, como construcción política de la realidad, como democracia en tanto gobierno del pueblo que hoy no decide. Es la expulsión del demos de lo político, a través del constreñimiento de su libertad, el culpable de los resultados de desigualdad, bajos sueldos, segregación, endeudamiento, ausencia de garantía de derechos, daño al medio ambiente y financiamiento estatal de la actividad privada lucrativa por sobre las necesidades básicas y de justicia de la población. La lucha de las trabajadoras y trabajadores por la liberación también es la lucha contra la sociedad patriarcal, que entiende que la clase capitalista simbolizada en el patrón de la empresa y del hogar es la llamada a tomar las decisiones políticas y económicas porque, al modo de la tecnocracia actual, son la clase que “mejor entiende” cómo funciona la realidad. Sin embargo, así como la liberación también ha llamado hoy al no sometimiento femenino en ningún ámbito, las trabajadoras y trabajadores remunerados también pueden y deben actuar hoy día en favor de su libertad. Una libertad que no nos impida tomar decisiones en el ámbito político por desesperanza, falta de tiempo o condescendencia con los jefes, y una libertad que no implique el sometimiento de una existencia múltiple como padres y madres, como seres humanos, como personas creativas, a la esclavitud del trabajo sin horario y sin seguridad social.

Avanzamos así hacia entender la libertad desde una perspectiva democrático-republicana, que toma en consideración las relaciones de poder, como señala William Clare Roberts, en la entrevista de esta edición de Heterodoxia, en la cual también nos explica cuáles son los sometimientos de la libertad impuestos por el mercado, los que no afectan solo a las trabajadoras y trabajadores, sino también al industrial sometido a un mercado que domina impersonalmente e impone sus criterios a toda la sociedad.

La entrevista a David Casassas, por su parte, nos introduce en los referentes y la comprensión de la idea de libertad desde republicanismo democrático, que, como señala Phillipe Petit, nos sitúa en una posición en que somos capaces de sostener el peso de la mirada, pues somos independientes y no debemos someternos obligatoriamente a nadie, ni como trabajadoras y trabajadores, ni bajo relaciones de género que implican sometimiento. Eso implica, según Casassas, una libertad materialmente fundada que es el primer paso para la libertad simbólica.

En la sección de artículos, tres temáticas se tocan en torno al concepto de libertad: el mercado como espacio de libertad, la idea republicana de libertad a través del movimiento social de la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional (AOAN) en Chile y, finalmente, las políticas de seguridad ciudadana del Estado de Chile en oposición al concepto de libertad republicana. En primer lugar, el artículo de José Miguel Ahumada da cuenta de cómo se ha desarrollado históricamente la idea de un mercado como espacio de libertad, en tanto en el mercado se generan relaciones voluntarias “disolviendo las dependencias personales y jerárquicas de los órdenes precapitalistas”; ideal que, sin embargo, es rápidamente criticado por las personas que sufren la transformación hacia las relaciones de producción capitalista a través de la proletarización, las que deben vender su fuerza de trabajo en el libre mercado. Al mismo tiempo da cuenta de un capitalismo financiarizado cada vez más improductivo pero que produce riqueza volátil y totalmente independizada de control político: una economía de casino.

El artículo de Mauricio Rifo nos permite recuperar la tradición republicano-democrática existente en Chile hasta la primera década del siglo XX, simbolizada, entre otros hechos y organizaciones, en la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional, tradición que se ha confundido, sin embargo, con una organización antimercadista, la que, no obstante, buscaba defender la “alimentación nacional obrera” del monopolio en favor de los precios y no de las necesidades reales de la población.

Finalmente, el artículo de Alejandro Stevenson da cuenta del desarrollo de una política de Estado, el paradigma de la Seguridad Ciudadana, basada en la construcción de “enemigos internos” para legitimar el modelo de desarrollo económico. La ineficacia de esta política, en términos de disminución de la victimización, da cuenta de una política que se mantiene con el fin de asegurar los procesos económicos y la figura central de la propiedad privada en el actual esquema, debilitándose por su parte la idea de seguridad como acceso a derechos sociales.

Por otro lado, en esta edición hemos querido rescatar y destacar la figura de Francisco Bilbao (1823-1865), quien fuera fundador de la Sociedad de la Igualdad en 1850 en Chile. Bilbao ha sido una figura políticamente confusa. Si por un lado ha sido catalogado como inserto en la tradición liberal, ha sido también considerado como un representante de las ideas del “socialismo utópico”. Sin embargo, desde nuestra perspectiva, Francisco Bilbao fue el propulsor, en conjunto con las sociedades de artesanos de la época, de una visión republicano-democrática de libertad.

En sus textos “El evangelio americano” de 1844 y “El Gobierno de la Libertad” de 1855, Bilbao reconoce una estrecha relación entre libertad e independencia material. Tal relación, central en el pensamiento republicano, es ampliada por el propio Bilbao hacia todo el Demos, lo que inclina dicha visión hacia una concepción democrática de esta idea. En palabras del propio Bilbao:

La destrucción del privilegio es igualdad y eleva la libertad de todos a la propiedad; es la libertad. Quitar el apoyo terreno a los sostenedores del orden antiguo es destruir su autoridad. Destruir la autoridad de los sostenedores de la fe es elevar la libertad. (Bravo de Goyeneche, 2007: 165)

Francisco Bilbao desarrolla además un programa revolucionario para desplegar la libertad plena a través de lo que llamó: el crédito nacional. En este sentido, Bilbao propone la entrega, por parte del Estado, de recursos universalmente distribuidos a los ciudadanos con el objetivo, al igual que los sostuviera Maximilien Robespierre, de garantizar el derecho a existir y a ser libres:

El crédito es un deber del Estado. Luego todo ciudadano tiene derecho al crédito. El crédito es la anticipación que hace lo que existe para desarrollar la existencia en otros seres. Dios bajo este aspecto es el banquero inagotable de los mundos… El gobierno de la libertad es la contribución de todas las libertades para garantizar la libertad de cada uno y desarrollarla en todo lo posible. Del mismo modo, el crédito social es la contribución del todo para garantizar el desarrollo de las partes. (Bravo de Goyeneche, 2007:338)

El pensamiento político de Bilbao, en gran medida desconocido en Chile, da cuenta de la necesidad, de parte de la izquierda de retomar conceptos necesarios, que nos permitan invalidar el carácter ficticio del mercado autoregulado y con ello, de la idea de libertad que el primero sustenta. Es entonces al concepto de libertad que dedicamos este dossier y primer número de la Revista Heterodoxia, concepto que, al ser olvidado por la izquierda, ha contribuido a desfondar de contenido el proyecto liberador que ésta ha tenido históricamente.

Finalmente, dedicamos este primer número al filósofo e incansable “restaurador” de la visión que aquí queremos continuar, Antoni Doménech (1952-2017), quién lamentablemente nos dejó teniendo aún todavía mucho por dar en este sinuoso camino en el cual ahora nos embarcamos.


Referencias:

Berlin, Isaiah (2002), Liberty: Incorporating Four Essays on Liberty, Oxford Universty Press, Oxford, New York.

Bravo de Goyeneche, J. A. (2007). Francisco Bilbao (1823-1865). El autor y su obra. Santiago de Chile: Editorial Cuarto Propio.

Doménech, Antoni (2004) El Eclipse de la Fraternidad: Una visión republicana de la tradición socialista, Editorial Crítica, Barcelona.

Lindbeck, Assar (1998) “Individual Freedom and Walfare State Policy”, European Economic Review Vol. 32 (2-3), 295-318. North Holland.

Sen, Amartya (1987), Freedom of Choice: Concept and Content, World Institute for Development Economic Research of the United Nations University, disponible en: https://www.wider.unu.edu/sites/default/files/WP25.pdf