Una invitación a pensar y a actuar desde la izquierda

I. Chile y la izquierda chilena hoy: nuestro diagnóstico

La coyuntura política actual está marcada por una profunda crisis de legitimidad y confianza ciudadana en las instituciones de representación y en la clase política en general. En los últimos seis años, entidades como el Congreso, el Gobierno y los partidos políticos han experimentado un serio deterioro en su imagen pública, tal como muestra el último informe de Auditoría a la democracia, elaborado por el PNUD (2016).1

Los casos de corrupción y financiamiento irregular de campañas electorales, descubiertos recientemente, en los que están involucrados miembros de las principales fuerzas políticas del país, junto con los casos de malversación de fondos al interior de las fuerzas armadas y de orden (militares y carabineros), de abuso sexual y encubrimiento de los victimarios por parte de la jerarquía de Iglesia Católica, y colusión de algunas grandes empresas para fijar precios de productos de primera necesidad (medicamentos, pollos y otros) han contribuido a empeorar una situación de por sí compleja2, generando fisuras en el orden sociopolítico y un abismo entre ciudadanos y élites gobernantes.

Por cierto, la explicación de esta realidad no es sencilla ni culmina con la descripción de algunos actos, personales o institucionales, más o menos sistemáticos. Por detrás subyacen las dos caras de un fenómeno más profundo e importante: de un lado, el agotamiento del modelo económico y social impuesto por la dictadura que, sin transformar en lo sustantivo nuestra matriz productiva (primario-exportadora y rentista), modificó profundamente nuestras formas de interacción, promoviendo la segregación, la competencia y el individualismo.3

De otro lado, la caducidad de una forma de hacer política, consensual, excluyente y carente de antagonismos, acorde a tal modelo y a una etapa de nuestra historia, la transición, que ha sido evidentemente superada (junto con sus principales protagonistas).4

La consecuencia de todo ello ha sido el debilitamiento del poder y la legitimidad de las instituciones tradicionales, tanto políticas, como militares, religiosas y empresariales5, hecho que nos sitúa, siguiendo a Dickens, en el peor de los tiempos y en el mejor de los tiempos: en una era de incertidumbre, pero también de oportunidad para repensar las relaciones sociales y la base material sobre las que éstas se sustentan.

Sabemos que toda oportunidad conlleva peligros y, en este caso particular, el riesgo es que emerjan propuestas (como estamos viendo) que, por acción u omisión, por virtudes o defectos, en vez de mejorar la posición y las condiciones de vida de las clases bajas y medias, las empeoren; en vez de ampliar el ámbito de lo público, lo reduzcan; en vez de fomentar la cohesión social y la cooperación, fortalezcan la segregación y el individualismo; y en vez de favorecer la inclusión y el respeto de la diversidad, propaguen la intolerancia, la homofobia, el chauvinismo, el machismo y, en suma, la ignorancia.

Por ello, creemos que es un imperativo aprovechar este contexto para formular, desde la izquierda, un proyecto alternativo al imperante, dotado tanto de calidad técnica como de claridad filosófica, que permita dar respuestas coherentes y significativas a los problemas del Chile actual y establezca los cimientos del Chile del mañana: ese país republicano, verdaderamente democrático, libre e igualitario con el que soñamos.

Tal proyecto debe hundir sus raíces en la ciudadanía, pero no puede dejarse llevar por la demagogia; debe ser capaz de guiar los procesos de transformación sin perder el rumbo frente a la cacofonía de voces (e intereses superpuestos) que demandan permanente atención. Y para ello requiere identidad, convicciones claras y un relato convocante que ordene y dé organicidad a cada propuesta específica, pensando siempre en tres temporalidades (interconectadas): a) El corto plazo, que es el tiempo de la política contingente y la entrega de “bienes políticos” esenciales (indispensable para dar base y continuidad a cualquier propuesta); b) El mediano plazo, que es el tiempo de las reformas complejas (que requieren de una particular correlación de fuerzas y, normalmente, más de un período de gobierno); y c) el largo plazo, que es el tiempo de las grandes transformaciones sociales y culturales (que cristalizan en décadas).

Ahora bien, considerando el escenario antes descrito, cabe preguntarse si los partidos tradicionales de izquierda, que hoy forman parte del gobierno6, son capaces de estructurar y llevar adelante un proyecto de tales características; si son capaces de repensarse a sí mismos e imaginar nuevas formas de interacción con la ciudadanía; si pueden (y quieren) recuperar y actualizar sus fundamentos filosóficos (o si, por el contrario, seguirán actuando guiados por un pragmatismo miope y cortoplacista); y si están disponibles para ampliar el marco de lo posible, incorporando al debate todos los asuntos de interés público, sin temor a la natural (y democrática) confrontación de ideas y visiones del mundo.

Andrés Bello decía que “todas las verdades se tocan” 7, están interrelacionadas y, en la Universidad, todas ellas deben ser tratadas. Algo similar debiera ocurrir en las democracias. Sin embargo, es claro que en la nuestra ciertos temas y puntos de vista están vedados o no son considerados seriamente en la discusión política. Es lo que pasa actualmente con propuestas alternativas al modelo de desarrollo, al sistema de ahorro forzoso para pensiones (AFP), al sistema de salud previsional (ISAPRE), al código laboral, entre otros.

Contrariamente a lo que uno esperaría, actualmente los partidos tradicionales de izquierda (en especial el Partido Socialista), lejos de proponer ideas distintas a las hegemónicas, han optado por abandonar su rol reflexivo y creativo, asumiendo con resignación (cuando no con entusiasmo) el fin de la historia y de las ideologías.

Observamos, en este punto, una paradoja interesante: mientras sectores de la población (quizá aún minoritarios, pero con gran capacidad de movilización) se politizan y exigen la expansión del “marco de lo debatible”8, estos partidos parecen ir por el camino contrario, hacia la consolidación de una despolitización (y desideologización) que poco contribuye a las tareas de canalizar demandas y enriquecer las discusiones públicas, que les son propias.

Este es, indudablemente, un problema serio que explica, por ejemplo, la incapacidad de la izquierda de proponer, desde el gobierno, reformas coherentes, alineadas con objetivos transformadores claros y de largo aliento, cosa que solo es factible cuando se cuenta con convicciones y fundamentos sólidos.

Opera aquí un evidente extravío identitario, que no es para nada exclusivo de la izquierda chilena. Algo similar ocurre en Grecia, España, Francia, Gran Bretaña e incluso en Estados Unidos9. En todos estos casos, en mayor o menor medida, los partidos de izquierda y centroizquierda históricos, tanto socialistas como socialdemócratas, han perdido la capacidad de responder a las preocupaciones y necesidades de los trabajadores y, en general, de las clases bajas y medias precarizadas (que han sido, en las economías avanzadas, las más afectadas por la globalización).

Este hecho ha significado, en la mayoría de los ejemplos mencionados, un desplome electoral que está obligando a que dichos partidos "transiten por el desierto" en busca de la identidad perdida y de medios que les permitan recuperar sus bases de apoyo en el mundo popular10. Ha significado también el surgimiento de nuevas fuerzas que tratan de ocupar el espacio vacante, con dispar solvencia y éxito.

En Chile, tales fuerzas se están agrupando en un Frente Amplio que, por amplio, adolece, por ahora, de inconsistencia y no está exento de fricciones y pugnas de poder. Veremos, en los próximos meses y años, si consigue superar la siempre difícil etapa de gestación y consolidarse como una opción política que viabilice los cambios que el país requiere.

En síntesis, mientras la izquierda tradicional parece estancada en su propia crisis y una nueva izquierda nace entre tensiones y conflictos internos, en ese claroscuro, parafraseando a Gramsci, pueden surgir los peores monstruos: el Brexit, Trump, la amenaza conservadora europea y el rearme neoliberal en Chile y América Latina.

II. Nuestra propuesta: Revista Heterodoxia

Teniendo en cuenta todo lo señalado, la tarea que nos proponemos es la de contribuir a que surja una creatura de otra índole: un proyecto de izquierda socialista sin complejos, que retome sus principios, que se adapte al presente sin olvidar su pasado, y que tenga siempre en cuenta su razón de ser, que no es otra que la de posibilitar el despliegue de todas las capacidades humanas, en un marco de justicia, igualdad y libertad republicana.

Un proyecto centrado en la autonomía individual y en las condiciones materiales que la hacen posible; preocupado de la necesaria democratización de las relaciones sociales y de la redistribución del poder económico, político y cultural. Entendemos que estas condiciones son las que abren camino a la autonomía y, por ello, sostenemos que el socialismo es, ante todo, como bien decía Bertrand Russell, un camino de libertad.11

Contamos hoy con una oportunidad inmejorable para desarrollar estas ideas; para repensar Chile y su futuro, empleando categorías abandonadas por la izquierda, como orden, nación, república y la ya mencionada libertad; para construir un relato que, con una mirada de largo plazo y partiendo de un horizonte normativo compartido, nos permita leer la coyuntura política, dar sentido a las políticas públicas y, quizá lo más importante, transmitir la certeza de que un orden alternativo es tanto necesario como realizable.

En concreto, proponemos crear un espacio de reflexión para desarrollar aquellos objetivos, con un equipo diverso en términos disciplinarios e ideológicos, pero unido en torno a la reivindicación de una posición que recupere la tradición republicana, democrática y popular que ha caracterizado históricamente a los grandes movimientos socialistas y de izquierda.

El primer hito en la construcción de este nuevo espacio será la revista Heterodoxia(www.heterodoxia.cl), que lanzaremos durante el segundo semestre del presente año. A partir de ella iremos desarrollando nuestra capacidad de incidencia, sumando a la publicación periódica de análisis de políticas públicas, análisis de coyuntura, entrevistas y ensayos filosófico-conceptuales, foros de debate, conferencias, talleres y la participación activa de los miembros de nuestro equipo editorial en el debate mediático.

La revista Heterodoxia nos permitirá poner en discusión las ideas dominantes -ortodoxas- que estructuran nuestro modelo económico y social (como son el neoliberalismo y el conservadurismo cultural) y presentar visiones y opciones alternativas.

Partiendo del reconocimiento de que el mundo es como es -de donde surge la convicción de que es indispensable conocerlo y comprenderlo- buscamos descubrir y aproximarnos a ese no-lugar soñado -a la isla de Moro, a la Civitas Solis de Campanella-, a esa sociedad ideal que como señala Eugenio Ímaz no se encuentra en el espacio sino en el tiempo, y no en el pasado (como sostienen los conservadores) sino en el futuro.

El ser germina en el deber ser. Los anhelos y las voluntades generan transformaciones y crean nuevas realidades. Tal es la función indispensable de la utopía. Y tal es la tarea a la que consagraremos nuestras reflexiones y acciones en el marco de Heterodoxia.

Julio de 2017

 

1 En los últimos seis años, quienes dicen confiar mucho o bastante en los partidos políticos pasaron de 15 a 5%, en el Congreso de 28 a 8%, y en el Gobierno de 42 a 13%.

 

2 Que se refleja, entre otras cosas, en el alto y creciente abstencionismo electoral.

 

3 Como recuerda Jorge Costadoat, "desde que Joaquín Lavín, el año 1987, anunció el triunfo del neoliberalismo sobre la configuración comunitarista del país, el individualismo, sobre todo en su versión consumista, se ha convertido en el factor motivacional principal de la toma de decisiones de las personas, también en el campo político".

 

4 Una etapa que se enmarca en un contexto global postsoviético, unipolar y de "fin de la historia" en la visión neoconservadora de Charles Krauthammer y Francis Fukuyama, que estuvo signado por la aparente derrota definitiva de las alternativas al capitalismo y el nacimiento de la socialdemocracia de tercera vía.

 

5 Junto con el debilitamiento de lo colectivo, de la idea del "nosotros”.

 

6 El Partido Socialista (PS) y el Partido Comunista (PC). El PS ha sido parte de 4 de los 5 gobiernos que se han constituido desde el retorno de la democracia.

 

7 “He dicho que todas las verdades se tocan, y aun no creo haber dicho bastante. Todas las facultades humanas forman un sistema, en que no puede haber regularidad y armonía sin el concurso de cada una. No se puede paralizar una fibra (permítaseme decirlo así), una sola fibra del alma, sin que todas las otras enfermen” (Discurso inaugural de la Universidad de Chile, 17 de septiembre de 1843).

 

8 Tal como señala el último Informe de Desarrollo Humano (2015), elaborado por el PNUD.

 

9 Una pérdida de identidad que se relaciona fuertemente con el surgimiento y consolidación, en la última década del siglo XX, del proyecto que Terry Eagleton denomina (peyorativamente) “socialdemocracia de tercera”, que en palabras de Giddens fue “un intento por trascender tanto la socialdemocracia a la antigua como el neoliberalismo". El resultado fue un híbrido que no hizo más que confirmar el triunfo del There is no alternative de Thatcher, y la propagación de aquel “socialismo burgués”, que Marx ya denunciaba en el Manifiesto por tener como fin único “mitigar las injusticias sociales para, de este modo, garantizar la perduración de la sociedad burguesa”. Cabe recordar que, para Marx, los propagandistas de aquel socialismo, es decir personajes como Giddens, son “charlatanes sociales que aspiran a remediar las injusticias de la sociedad con sus potingues mágicos y con toda serie de remedios, sin tocar en lo más mínimo, claro está, al capital ni a la ganancia”.

 

10 Es en este sentido de gran interés el trabajo que está desarrollando Bernie Sanders en Estados Unidos, buscando convertir nuevamente al Partido Demócrata en la casa de la clase trabajadora, con un discurso que contrapone, sin ambigüedades, los intereses del gran capital, representado por el 1% de la población, a los del pueblo, compuesto por el restante 99%.

 

11 Ver: Russell, B. 2010 [1918]. “Los caminos de la libertad: el socialismo, el anarquismo y el sindicalismo”. Madrid: Tecnos.